La tela de araña o la ilusión de la arcadia por Jaume Vidal Oliveras

6 Mar

La obra de Fernando M. Romero se ha interpretado oportunamente como una reflexión en torno a los problemas y discursos que animan el debate sobre el arte contemporáneo. Sin embargo, mi propuesta es dar un rodeo y enfocar su trabajo desde otro punto de vista para llevarlo a un escenario diferente.

Romero ha explicado que en su intervención en Barcelona ha tratado de “depurar” de alguna manera su proceso de trabajo. “He buscado –dice el artista– reducir los elementos al mínimo y usarlos de una forma mucho má consciente”. De ahí –continúa explicando– el título del proyecto, Partículas elementales, que alude metafóricamente a los métodos de observación y análisis de la ciencia, que experimenta con modelos reducidos en el laboratorio. A partir de aquí, Romero articula un relato, una fábula que se desarrolla en una puesta enescena en tres tiempos, como si de un drama se tratara.

Fernando M. Romero

Primer acto

En la Fundación Arranz-Bravo, Romero ha realizado una instalación “elemental” con vinilos sobre la pared que hace pensar en una suerte de trampantojo: una celosía o retícula con la que construye una ilusión de espacio. Pero Romero, retomando toda una tradición de la vanguardia que ha cuestionado los límites de la representación, introduce disonancias, elementos perturbadores que revelan el artificio de la construcción. Esto es, “la mentira” del ilusionismo y del sistema perspectiva. Frente a la visión verosímil del mundo que éste nos presenta, Romero descubre el punto en que se hace explicito el engaño, el atrezzo que se halla detrás del espejismo y la ficción, el mundo entre bastidores que se oculta tras la “representación”.

Segundo acto

Una vez realizadas estas tramas, el artista las rompe violentamente, como si se tratara de una suerte de asesinato, del que deja constancia en los vídeos y fotografías que se exhiben en la Fundación. Es difícil explicar este gesto de destrucción. Acaso responda a la voluntad de llevar hasta sus últimas consecuencias la reflexión sobre los límites de la representación. Acaso se trate de una protesta contra los artificios de la ilusión; o mejor, de expresar su exacto reverso, la “desilusión”. Tal vez tenga que ver con una idea de sacrificio, catarsis o regeneración. En fin, muy posiblemente todos estos significados estén implícitos en la violencia devastadora de Fernando M. Romero.

También bajo el signo de la destrucción, el artista ha realizado una serie de fotografías muy significativa, titulada Et in Arcadia ego: las mismas retículas parecen ahora deshacerse o tal vez solaparse tras una especie de lluvia de confeti que desdibuja visualmente su estructura. Aunque en este caso no hay una agresión directa, de alguna manera también se pueden interpretar como un acto de violencia: simplemente, las cuadrículas se destruyen.

El título, Et in Arcadia ego, remite a una de las pinturas más conocidas de Nicolas Poussin, también conocida como Les Bergers d’Arcadie (1637-1638), en la que se describe cómo unos pastores de la Arcadia encuentran una tumba con dicha inscripción. La frase se ha traducido por “también yo en la Arcadia [estoy]” o “incluso en Arcadia [estoy] yo” o también “yo, la muerte, reino incluso en la Arcadia”. Debido a su laconismo y polisemia, la locución se ha prestado a lecturas diversas. En general, se ha interpretado como un memento mori, un recordatorio de la fugacidad de la condición humana. Sin embargo, el primer biógrafo de Poussin leía la inscripción como “la persona enterrada en esta tumba ha vivido en la Arcadia”. Y Goethe inicia su libro Viaje a Italia, que tan importante fue en su trayectoria, con la frase “Auch ich in Arkadien”, esto es, “también estuve/estoy en la Arcadia [en Italia]”.

Las diferentes lecturas, sin embargo, traslucen una idea común y es que la Muerte y la Arcadia están pegadas la una a la otra como las dos caras de una moneda. Y éste es el punto al que me interesa llegar: sustituya, el lector, el término de Arcadia por el de Ilusión y entenderá que ambas, Muerte e Ilusión se funden en un abrazo violento y perverso. La reflexión de Fernando M. Romero no gira simplemente en torno a las cuestiones formales u ópticas; en él, la problemática de la ilusión se abre a un rico marco de connotaciones y significados, que van desde la alucinación, el sueño o la quimera al deseo, el engaño o la esperanza. Todos estos sentidos están contenidos en la imagen de la Arcadia.

Partículas Elementales Sculptures Corner

Tercer acto

Pero el proceso de trabajo de Romero no se acaba aquí. El artista, como una araña que teje y desteje su tela una y otra vez, recompone y restaura la imagen demolida. Y, aspecto éste especialmente significativo, incorpora de nuevo la pintura. Según Romero, este procedimiento, por su carácter artesanal, le permite una reflexión y análisis que escapa a los medios mecánicos. Falta por saber la naturaleza de esta nueva imagen. Muy posiblemente esté relacionada con una idea de regeneración. Pero resulta a la vez tremendamente opaca y hermética. Tal vez se trate de una mise en abîme de la representación, de una tupida capa de velos que ocultan y revelan imágenes detrás de imágenes. En todo caso, esta nueva imagen es una nueva Ilusión, una nueva Arcadia.

Jaume Vidal Oliveras

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